Mientras soñaba Un espacio para compartir todo aquello que se me pase por la cabeza. Pensamientos, viajes, naturaleza, cocina, moda, música... ¡Anímate a soñar conmigo!

viernes, 9 de abril de 2021

Rosquetes de Naranja

Os traigo hoy una receta que pensé como merienda para uno de estos días de atrás de Semana Santa, en la que los niños están en casa y quieres que coman algo diferente, como una especie de premio después del esfuerzo que han realizado durante el trimestre escolar (no se lo digo, esto lo pienso para mi y me encanta ver la cara de sorpresa al ver la novedad). La receta en si es bastante tradicional, unas rosquillas hechas al horno pero en lugar de las típicas de anís, de naranja.

Con las cantidades que se indican a continuación, da para unas 50 unidades de estos rollicos de naranja. Es un sabor muy ligero a naranja, ni se van a enterar ni a poner caras raras cuando lo prueben. Si prefieres intensificarlo, probaría a añadir más ralladura. 

Ingredientes:

2 huevos tamaño L y 1 huevo para pintar

110g azúcar y algo más para cubrir

ralladura de 1/2 naranja

100 ml zumo naranja

80 ml aove

1 pareja sobre gasificante repostería

1/2 cucharadita sal

1 sobre levadura química

480 g harina

Elaboración:

Precalentamos el horno a 180ºC.



A continuación, batimos los huevos con el azúcar muy bien. Añadimos el zumo, la ralladura de naranja, el aceite y batimos nuevamente. Seguidamente, añadimos la gaseosa, la sal, la levadura y la harina.

Para añadir la harina, lo hacemos poco a poco, batiendo a la vez que vamos añadiendo para que se vaya amasando sin formar grumos. En ultimo lugar, cuando la masa ya sea más consistente, nos ayudamos de una cuchara para integrar todos los ingredientes aún más.

Una vez tenemos la masa, tomamos porciones del tamaño de una pelota de ping pong y con las manos le damos forma de cilindro y enrollamos formando rollitos. Los colocamos en las bandejas ligeramente separados, pintamos con el huevo batido y espolvoreamos con un poco de azúcar. 

Por último, horneamos hasta que estén dorados, los sacamos a enfriar a una rejilla y ¡lista la merienda!

¿Te ha gustado? ¿Soñamos?



domingo, 14 de marzo de 2021

Los clavos

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.


El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.
Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo:
- "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves."

Lo que esta historia intenta transmitirnos es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfadado, con mal carácter, por mucho que trates de arreglarlo, el daño hecho, la herida que queda es difícil de sanar u olvidar, tal como esos agujeros en la puerta. Ya no importará tanto que pidas perdón porque las palabras hieren del mismo modo que una herida física. 


Cuantas veces por el día a día ocupados y con una lista de tareas interminable no contestamos a nuestros familiares o amigos con malos modos por el estrés, haciéndoles daño. A ver si este cuento nos hace fijarnos más en este punto e intentamos mejorarlo.

¿Os ha gustado? ¿Soñamos?

viernes, 26 de febrero de 2021

Toma una sonrisa - Mahatma Gandhi

¿Quien no sueña con ser el protagonista de grandes cosas, buenas historias que dejen huella en ti y en los demás? Igual lo que tenemos que hacer es ponernos otro prisma y ver la cantidad de pequeñas cosas, sencillas en las que poder ayudar. 

Esa señora en la calle perdida o en una estación de tren y que no sabe utilizar las nuevas máquinas para sacar un billete, agradeciendo a las personas que te rodean, mimándolos por los detalles o simplemente, sacándoles una sonrisa en estos días grises que nos acompañan... Pues sobre esto va un poco el post de hoy, no pude menos que intentar contagiar un poquito de esta poesía en nuestro día a día... 

Toma una sonrisa

Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido.

Toma un rayo de sol, hazlo volar allá en donde reina la noche. 

Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. 

Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado.

Toma la valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar.

Descubre la vida, nárrala a quien no sabe entenderla.

Toma la esperanza, y vive en su luz.

Toma la bondad, y dónala a quien no sabe donar.

Descubre el amor, y hazlo conocer al mundo.

Mahatma Gandhi




lunes, 22 de febrero de 2021

He leído: Una diosa para el rey

Leí este libro hace ya algún tiempo y me dejó anonadada. Bien es cierto que no suelo yo leer mucho sobre biografías, ni reales ni de plebeyos, pero si que suelo ir a visitas guiadas. Entre ellas la de El Escorial, que yo recuerde hice al menos dos guiadas, nos gusta porque según quien sea el guía te cuenta unas u otras anécdotas. El caso, que por lo que sea, siempre me quedó en la memoria lo santurrón que era Felipe II, con una habitación que daba a la iglesia y siempre rodeado de crucifijos y reliquias de santos.



Bueno, pues hete aquí que sale esta novela basada en la supuesta historia de amor de Felipe II con una dama de compañía de la emperatriz Isabel I de Portugal y luego de sus hijas Juana de Austria y María de Austria, hermanas de Felipe II. Su romance abarcó quince años durante los cuales la presencia de Isabel de Osorio fue fundamental, hasta el punto de que el monarca llegó a encargar a Tiziano, el pintor del momento, una serie de obras de inspiración en la mitología griega, de gran erotismo, en los cuales se ve representada con claridad a su amada Isabel de Osorio. Con ella, según parece, tuvo dos hijos y para quien erigió el Palacio de Saldañuela. Sería en este palacio, conocido por los habitantes de la zona como "la casa de la puta del rey", en el que Isabel viviría, sola, durante 30 años tras la ruptura con Felipe y hasta su muerte. 

Tiziano cumplió, claro está. Y realizó una serie de cuadros entre 1553 y 1562: Dánae, Venus y Adonis, Perseo y Andrómeda, Diana y Júpiter, Diana y Calisto y El rapto de Europa. 

Aunque es una historia novelada, basada sobre todo en la historia de amor, el encontrar el palacio de Saldañuela, las obras del autor donde no sólo aparece Isabel de Osorio sino un joven Felipe II como Adonis, dan prueba de que hubo mucho más que un rumor en esa historia. 

Alimenta también la sospecha el documento suscrito por el tesorero del rey al adquirir la torre de Saldañuela, donde Hernando de Ochoa, se compromete que no obstaculizarán ni invalidarán la escritura de venta ni doña Isabel Osorio «ni sus hijos ni herederos». Fórmula que pudiera ser convencional pero que parece extraña cuando se trataba de una mujer soltera. Es sabido que los reyes podían tener hijos extramatrimoniales sin reproche social y que solo ellos podían reconocer esos hijos. Extremos que les estaban negados a las mujeres.


Cuando en 1556 Isabel se alejó de la corte compró la torre de Saldañuela, cerca de Burgos, operación realizada por dicho Hernando de Ochoa, tesorero del rey. Un año después, Felipe concedió a su amada un juro de heredad de dos millones de maravedíes sobre la renta de Córdoba, alegando como mérito ”lo que sirvió a la reina de Bohemia y princesa de Portugal”, sus hermanas María y Juana. Con esta donación Isabel compró los lugares de Saldaña, Sarracín, Cojóbar y Olmos Albos, sobre los que fundó un señorío.

Por eso me pareció curioso, el monarca que impuso un pañuelo para que en las danzas no se tocasen hombres y mujeres, luego llevaba una doble vida dedicada al amor y pasión con Isabel de Osorio. Es quizás por eso que al final de sus días y debida a la moral que presidía esa época, que se pasaba entre santos, reliquias y rezos, para intentar expiar sus pecados. ¿Vosotros que creeis? 



miércoles, 13 de enero de 2021

Bosque finlandés (Rascafría)

El rincón que os traigo hoy se halla en una de las zonas más concurridas en fin de semana por los madrileños, que es Lozoya, Rascafría, etc, por el encanto natural de sus pueblos y bosques y también, como no, por su buena gastronomía.
Vistas desde el Puente del Perdón










Situado en la zona norte de Madrid, se puede acceder a la misma tanto desde la A1 como desde la A6 por Segovia, aunque nosotros nos desplazamos por la autovía de Burgos.En esta carretera tomaremos la salida 69 que nos lleva dirección Lozoya/Rascafría por la M-604. Cuando lleguemos a Rascafría, los paneles indicativos nos conducirán hasta el Monasterio de Nuestra Señora del Paular, a mano derecha hay unos aparcamientos donde dejaremos el coche. Está justo a la entrada del monasterio. Si no hubiera sitio aquí,  poco más adelante están los aparcamientos del área recreativa de Las Presillas, muy cercano, pero del otro lado de la carretera.
Puente del Perdón

El punto de partida es cruzando la carretera en sentido hacia el Puente del Perdón, el cual ayudaba a cruzar las aguas del río Lozoya hacia el Monasterio de Santa María del Paular, perteneciente en un principio a la orden cartuja desde 1390 hasta 1954, momento en que pasó a manos de los benedictinos. El Puente del Perdón recibe este curioso nombre debido la leyenda por la cual el preso era juzgado junto al puente, si recibía el perdón, podrían cruzar hacia el otro lado, si no era así, se hacía justicia en la Casa de la Horca.


Poco antes de terminar de cruzar el puente, verás una verja de hierro a la izquierda que da acceso al Camino Natural Valle del Lozoya e indicará que se puede llegar al albergue Los Batanes. No busques señalización del bosque porque no la vas a encontrar, sólo adentrate por esta ruta y en unos cinco, diez minutos, notarás el cambio de vegetación y verás alguna pequeña construcción, solo hemos de ir siempre recto y paralelo al río a través de un frondoso bosque de abedules, chopos, abetos...  Sabremos que hemos llegado cuando veamos una especia de pequeño puente de piedra sobre un riachuelo y una caseta de madera al fondo, la cual fue una sauna finlandesa en su momento, con un pequeño embarcadero y un lago. Verás que el bosque se ha vuelto más denso y que habitan en esta zona otras especies de árboles diferentes. No es un bosque natural autóctono, fue creado en los años 80 con motivo de la celebración del hermanamiento de Rascafría con la capital de Finlandia. También se construyó sobre las aguas del río Lozoya un precioso embarcadero y una caseta de madera que en su día fue utilizada como sauna.

Acceso al bosque finlandés




Es un camino muy sencillo y fácil de realizar, prácticamente siempre llano, que si dejas el bosque y continuas el sendero te llevará a Rascafría o incluso puedes ir y volver al lado de la carretera hacia el monasterio de El Paular. Es una muy buena opción para hacer con niños, nosotros lo hicimos con una de 6 y otra de 3 años, sin problema.
El camino

Al fondo se ve la cabaña y el inicio del embarcadero, en primer plano, el lago.
Por otro lado, es una maravilla para la vista, da igual la estación en la que visites la zona. Como podéis ver nosotros fuimos en otoño, a primeros de noviembre y estaba así de espectacular, pero en invierno, cuando el resto de árboles no tienen hojas tiene que ser también muy bonito y ya si lo pillas con nieve como estos días, es un paisaje de cuento. Merece la pena pararse, relajarse, pasear lentamente en torno al lago y solo respirar... 
Pequeño puente de piedra que da acceso al lago



Antigua sauna finlandesa
Tras el paseo por estas zonas, terminamos la tarde en un café de Rascafría e hicimos una parada en la fábrica de chocolate natural San Lázaro Hacedme caso, no dejéis de entrar y probar, tienen numerosas pruebas. Chocolate con fresa, con plátano, con canela, con limón... haced la prueba y llevaros un poco de todo, os encantará. 

Si te ha gustado la entrada, no dudes en comentar, estaré encantada de responderte. ¿Soñamos?



jueves, 31 de diciembre de 2020

Osoji: el ritual japonés de final de año que inconscientemente hacemos

Bueno, no sé si os pasa como a mí, que cuando se va finalizando el año parece que nos da por organizar y terminar todo lo que has hecho en casa, que si limpieza a fondo, que si arregla este reloj que no tiene pilas, que si pon este cuadro que llevas meses esperando para hacerlo, es como que quieres mentalmente poner el check de todo finalizado y empezar sin cosas que hacer a nivel de hogar. A mi me da esta neura de limpieza y orden siempre a final de año, igual que a las embarazadas les da con el sindrome del nido. Hace un año o asi me enteré que en Japón esto es un ritual. Según se acerca el fin de año en Japón, comienza a realizarse una antigua tradición conocida como la gran limpieza o Osoji, no es tanto una limpieza a fondo del hogar como una especie de ritual de renovación ante el año nuevo que está a punto de comenzar. 
Se trata de limpiar el alma, de comenzar el año sin tareas pendientes, cerrando círculos, comenzando el año limpios, liberados y purificados, tanto a nivel material como espiritual. Y es que el osoji, además de limpiar aquellos rincones de la casa menos frecuentemente limpiados, incluye liquidar deudas o facturas o tareas pendientes antes de terminar el año. 
Se trata de hacer limpieza a fondo de lugares que generalmente olvidamos, a mi por ejemplo este año me dio por limpiar a fondo los zócalos, las juntas del suelo y algo menos olvidado pero que siempre se necesita repasar, marcos, puertas, enchufes e interruptores. Recomiendo para las juntas del suelo, pasar primero con una bayeta húmeda en agua caliente retirando la suciedad, luego impregnar con bicarbonato sódico, dejándolo actuar 30 minutos al menos y posteriormente retirar con bayeta húmeda y aclarar. Pero también va más allá e incluye la ropa que no nos ponemos, un repaso a las facturas que tenemos por pagar (o cobrar), archivar fotos, tirar tiquets de compras caducados... Y además de todo esto, también corresponde deshacernos de hábitos insanos y relaciones tóxicas. 

Pero no se trata de una limpieza más que haces de manera automática, sino que es consciente, con lo que percibes lo que realmente no deseas, no te gusta, no te da buen rollo, te sobrecarga el ambiente... y empezar el año sin esas cargas. Es un mindfulness aplicado a la limpieza. 




















¿Y como empezar? Pues empieza por arriba. El polvo acumulado en techos, paredes, lámparas no existe hasta que te le dedicas atención. Recomiendo para ello frotar con un trapo humedecido, si sale suciedad esta irá bajando hasta el suelo, que será lo último que limpiaremos en el Osoji.

Deja bolsas de basura y cajas en cada habitación. Ya sabes todo lo que puedes hacer con todo lo que ya no quieres en casa.

Lo más importante: esas cajas y bolsas deben desaparecer de tu casa inmediatamente, nada de tenerlas en el trastero, recibidor o garaje esperando. Como inicio de año, tambien sería conveniente que tras hacer este trabajo intentases mantenerlo para no tener que darte un atracón final. ¿Que tal esos 5 minutos de ventilación, hacer la cama, cinco minutos para recoger la encimera de la cocina o colocar los cojines?

Si hay niños en la casa, deben participar. En el Osoji nipón, los menores colaboran en la limpieza tanto en casa como en las escuelas. Es una forma no solo de involucrarles en el esfuerzo común, sino también de enseñarles a cuidar de sí mismos en el futuro. Esto no siempre se consigue pero si poco a poco los vamos involucrando ellos adquirirán ese hábito que no sólo nos hará más felices a nosotros sino les será útil a ellos en un futuro por lo mismo.

Y tu, ¿también haces osoji en el fin de año?



martes, 25 de agosto de 2020

Enfiladas o alfiladas de Luarca (Trenza pascua)

La receta que os traigo hoy es una receta típica de mi zona y esta es la manera más parecida a como la hace mi madre. 

La Alfilada o Enfilada, típicas del concejo de Valdés, (capital Luarca) es un riquísimo bollo dulce trenzado. Si nunca has probado una alfilada, te recomiendo que lo hagas. Su sabor es espectacular.



Además ahora, que faltan pocos días para La Regalina, una fiesta en la cual se hace un desfile tradicional, cobra más protagonismo, ya que este desfile lleva asociado este postre. Si no habéis ido a La Regalina, os lo recomiendo, se celebra el último domingo de agosto y el sitio es espectacular, así como viven la tradición en este pueblo. Yo tuve muchos compañeros de Cadavedo en el cole que hoy han trasladado esta tradición a sus hijos, es muy bonito.

Aquí podéis ver un resumen de dicho desfile y el entorno, que es una maravilla. En dicho desfile, si os fijáis, llevan varias ofrendas con una especie de panes en los mismos, eso son alfiladas.



Después de este pequeño homenaje a La Regalina que este año creo que no se podrá celebrar, paso a detallar los pasos para hacer una rica alfilada, bueno en mi caso salieron dos hermosas. 

Ingredientes:
125g mantequilla
200g azúcar
medio vaso de leche
3 huevos
600g harina
6g levadura seca de panadería o un dado de levadura fresca
un chorrín de anís
una cucharina de sal
1 huevo para barnizar

Elaboración:

En primer lugar, hervimos la leche y la vertemos en un vaso, añadiendo poco a poco la levadura y removiendo hasta que quede totalmente disuelta. 

Posteriormente, añadimos esta mezcla sobre 100 g de harina y así prepararemos la masa madre. Una vez hecho esto, lo dejamos reposar tapado por un film (en mi casa siempre se hizo con un trapo de cocina y un plato encima y no gastas plástico). Dejamos levar una hora, la masa ha de quedar como con burbujitas.
Con la mantequilla desleida, lo que haremos será ir añadiendole los huevos, el azúcar (poco a poco) y vamos removiendo. Una vez finalizado, reservamos.


Con la harina que nos restó, hacemos como un volcán en el medio del cual disponemos la sal, la masa madre, el chorrín de anís y poco a poco, vamos añadiendo la mezcla de mantequilla y huevo, amasando bien bien. Cuando veamos que está ya bien amasada, bien integrada, les damos forma de bola para facilitar su levado y la colocamos en un bol donde haya bastante especio ya que ha de doblar y hasta triplicar el volumen actual. Cubrimos de nuevo y en esta ocasión, dejamos levar 4 horas.

Tras las 4 horas, cortamos la bola por la mitad, ya que esta cantidad de ingredientes da para dos buenas alfiladas y amasamos para sacar el aire bien. Iremos viendo como deja de "soplar" y ya podremos dividir esta parte en tres churros para poder conformar la trenza. Hacemos lo mismo con la otra bola.

Por último, las ponemos en la bandeja de horno y las pintamos con un huevo batido previamente. Dejamos ahora levar las trenzas otra media hora. 




Para finalizar, horneamos a 180ºC sobre 30 minutos, todo dependerá del horno que tengas, el mío tiende a tardar un poco más, id controlando el color que va adquiriendo la masa o el olor porque os va a dejar un olor en casa, que vais a tener que controlaros para no intentar comerla caliente.

Por último, la sacamos, la dejamos reposar y tenéis una merienda o un desayuno de auténticos campeones. 

sábado, 22 de agosto de 2020

Ruta de las Foces de El Pino

Estamos en periodo vacacional y no puedo dejar de incluir la ruta que hicimos (en dos ocasiones) el pasado año. La hicimos dos veces porque la primera nos llovió y aunque intentamos seguir, empezó una tormenta y ya tuvimos que retirarnos. La segunda vez nos llovió un poquitín pero íbamos mejor preparados y no hubo tormenta eléctrica. Por favor, con tormenta ni os lo planteeis, es muy peligroso.

Esta ruta transcurre por el concejo de Aller, cercana a la localidad de El Pino. Para poder llegar a ella, partimos de Oviedo por la A-66 dirección León,  poco después de pasar Mieres, cogemos la salida 54 dirección Moreda y al Puerto de San Isidro (AS-112). A los 12 Km. de pasar Cabañaquinta, llegaremos al pueblo de El Pino, donde dejamos el coche. Si más o menos te fijas desde el coche ves letreros de la ruta y además, en la margen derecha hay una hilera de aparcamientos donde podemos dejar el coche sin problema. También puedes adentrarte en el pueblo pero me parece molestar a los vecinos y dependiendo del coche, la posibilidad de tener que maniobrar para dos pasinos más que vas a dar, no merece la pena.

Seguimos un camino asfaltado que nos llevó al inicio de la ruta, donde encontramos un puente sobre el río, que no se llama Pino, el río que atraviesa el pueblo es el Valmartín, el nombre de la ruta se debe al pueblo. y empezamos a subir por una carretera estrecha llegando en unos 400 m. al Molín del Peón, antiguo molino restaurado donde también hay un vivero de truchas. Se puede llegar con el coche  hasta aquí, pero lo que decíamos antes, hay poco espacio donde aparcar. Un poco más adelante, nos encontraremos una pequeña área recreativa con poco más de dos mesas pero muy agradable y en la misma orilla del río, que es donde paramos la primera de las veces que fuimos a hacer esta ruta para coger fuerzas. Poco antes nos entretuvimos en la primera fuente de la ruta, la fuente de la Salud. Hay que cruzar por el puente de piedra y tomar el camino de la izquierda para seguir la ruta de «Las Foces del Pino». El camino de suave ascenso transcurre a la vera del río y atraviesa un bosque de castaños y robles.

Según avanzas, la subida se hace más pronunciada y es cada vez más pedregoso, con una niña de 3 años nos costó un poco esta parte, en la que prevalecen hayedos y acebos, menos mal que ibamos viendo cabañas y pastos con vacas que iban haciendo el camino más entretenido para ellas. A medio camino puedes rellenar la cantimplora en la Fuente Gavalanceras, un antiguo bebedero de ganado.


Según he podido leer, esta ruta sigue una antigua calzada romana que usaban los vaqueros del concejo para llevar el ganado a las brañas altas en época estival, así como paso de peregrinos para cruzar a la provincia de León.
En esta primera parte de la ruta, avanzamos en ascenso entre prados y mucho árbol, castaño y sobretodo avellanos. Tras pasar la fuente, vemos como poco a poco el camino se va estrechando y nos vamos acercando al desfiladero, sólo tenemos que ver al fondo las paredes verticales.








El puente que aparece a continuación es la entrada al desfiladero, a partir de aquí nos espera la zona más espectacular de la ruta. La separación entre las paredes verticales de roca no excede los 6 m en algunas zonas y hay continuos saltos de agua y cascadas al margen del camino. Esto le da una belleza singular.


Este camino formaba parte del camino de los peregrinos que se dirigían a san Salvador en Oviedo, no me extraña que estos sitios de peregrinación hayan tenido tanta transcendencia porque siempre escogen parajes de una gran conexión con la naturaleza, normal que te asalte el misticismo. 


























Nosotros tardamos alrededor de 4 horas en hacer la ruta, pero porque hacíamos paradas por las pequeñas, por las fotos, etc.
¿Que os ha parecido la entrada de hoy? ¿Conocíais la ruta? ¿Soñamos?