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domingo, 14 de marzo de 2021

Los clavos

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.


El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.
Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo:
- "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves."

Lo que esta historia intenta transmitirnos es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfadado, con mal carácter, por mucho que trates de arreglarlo, el daño hecho, la herida que queda es difícil de sanar u olvidar, tal como esos agujeros en la puerta. Ya no importará tanto que pidas perdón porque las palabras hieren del mismo modo que una herida física. 


Cuantas veces por el día a día ocupados y con una lista de tareas interminable no contestamos a nuestros familiares o amigos con malos modos por el estrés, haciéndoles daño. A ver si este cuento nos hace fijarnos más en este punto e intentamos mejorarlo.

¿Os ha gustado? ¿Soñamos?

viernes, 20 de diciembre de 2019

Charla sobre la Actitud de Victor Küppers at TEDxAndorralaVella



¿Cuántas veces hemos oído eso de que la actitud hace mucho? Pues esta charla de Victor Küppers te demuestra que, con un talante adecuado, puedes conseguir aquello que te propongas. Vivir con entusiasmo, efectivamente, es un arte y todos tenemos al alcance de la mano el aprender a escoger la actitud que tomamos ante múltiples circunstancias. 

Para elegir la mejor actitud en cada momento hay que hacerse estas dos preguntas: ¿cómo puedo ser una persona mejor? Y ¿cómo puedo ayudar a los demás?” ¡No te lo pienses más e invierte solo 20 minutos en ver esta charla!
La actitud es la clave del cambio personal y ese es el hilo conductor de una charla brillante que con unos divertidos ejemplos te enseñará “qué tipo de bombilla eres”.
Tal y como Víctor Küppers nos cuenta, estamos rodeados de personas que son serias, correctas y profesionales. Pero luego hay otras, que a parte de ser muy serias, muy correctas y muy profesionales, generan una sensación increíble en los demás.Y yo he conocido alguna de esas personas, que dices, buah, es increíble, casualmente estoy pensando en tres mujeres, una que conozco desde hace un año, otra que conocí ya hará como 7, 8 pero que ahora tengo muy lejos, cruzando un océano; las dos son personas con las que trabajé y que me resultan inspiradoras por su coraje, por sus ganas, por su energía y por su empatía. La tercera es una persona que lleva tiempo ayudándome en casa y que conocí hace casi 11 años en unas circunstancias de crisis personal, económica, etc, pero que nunca ha dejado de luchar y siempre con una sonrisa. 

¿Cuál es el secreto del éxito?
Ser agradecido. Pararse a valorar lo que uno tiene. Si en un momento dado pierdes la alegría, coge un papel y un boli y escribe 20 cosas fantásticas que tengas en la vida, todos las tenemos.
Ponerse ilusiones. Si uno no las tiene, se las tiene que poner. Y es que lo mejor de la vida es gratis. Párate a pensarlo. No se trata de hacer cosas extraordinarias sino de disfrutar de las pequeñas cosas ordinarias.
En la vida, las cosas son como son, no como nos gustaría que fuesen. Y no podemos cambiar las circunstancias pero siempre podemos elegir nuestra actitud y cómo afrontarlas. Esa es nuestra pequeña gran libertad.- Victor Küppers

"Cuando pierdo el ánimo, lo pierdo todo", dijo, y sostuvo que en España "estamos muy tarados" porque "cuesta mucho ver a gente sonreír; cada vez hay menos gente alegre". Y una de las razones es el entorno: "si hiciéramos una lista de las palabras que más hemos escuchado en los últimos años serían crisis, paro, corrupción, déficit y recortes", y a todo eso se suman los problemas del trabajo o los de la gente que ha perdido su trabajo. Frente a todo eso, él dice que "hay dos opciones: resignarse o luchar contracorriente para vivir con ilusión, con alegría, lo que, por supuesto, es muchos más difícil pero se puede hacer y vale la pena".

Asimismo, Küppers animó a cuidar lo más importante, que son las relaciones humanas, con cariño y tiempo; a ser amable, porque es una fuente de felicidad; a relativizar los problemas distinguiendo entre dramas (enfermedades graves, muerte de seres queridos, problemas económicos graves) y circunstancias a resolver, que son todas las demás, y que deberíamos tomarnos con más alegría.

Y es que todos los días salimos a la calle y nos enfrentamos a esta realidad, porque los seres humanos captamos sensaciones pero también las transmitimos, él hace una comparación, somos como bombillas, algunas transmiten mucha luz pero en cambio otras van fundidas. Por eso es tan importante tener una buena actitud, para poder transmitir nuestra propia luz. Todos encontramos de vez en cuando esas personas que dice Kuppers, de ole, ole y ole. Pienso también en el profesor de mi hija, es comentado por muchos padres porque tiene ese don, esa motivación y esas ganas y energía positiva y ganas de enseñar, de gusto por su vocación, que te atraen irremediablemente.

Küppers resume todo ello en la fórmula siguiente:
Valor = (C + H) x A
La C se corresponde con nuestros conocimientos, qué sabemos, qué experiencia académica tenemos…
La H son nuestras habilidades, es decir, con lo que se nos da bien, en lo que destacamos.
Y finalmente como multiplicador a la suma de nuestros conocimientos y habilidades tenemos la actitud. Al fin y al cabo la gente que nos rodea nos quiere y nos valora por nuestra actitud, por cómo nos comportamos con ellos y por nuestra forma de entender la vida. 
Finalmente otro factor para dar sentido a nuestra vida es poner ilusión en todo lo que hagamos, ya que sin ilusión estamos perdidos, debemos ilusionarnos, poner alegría y disfrutar de todo, especialmente de las cosas más ordinarias, ya que estas son las que en la mayoría de las ocasiones menos se aprecian aunque sean parte de nuestro día a día, es decir, que debemos dar valor a todo lo que hacemos, de las cosas más simples también se puede disfrutar, y mucho.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Lo que no se da, se pierde

Como habréis notado he estado un tiempo de vacaciones. Ahora estoy preparando cosillas para volver a actualizar el blog... ya veréis que bonita es mi tierrina...De momento os dejo con entradas que tenía preparadas de hace tiempo.

Cuanto me  ha gustado el siguiente texto que comparto con vosotros. Porque hay tantos puntos en los cuales me siento tan identificada, hay tantos pequeños detalles que pueden hacer felices a ti, tus conocidos o desconocidos y te pueden resultar gratificantes... espero que os guste tanto como a mí.

¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre con las cosas que nunca existieron porque nosotros no las dejamos existir? ¿Qué pasa con aquellas acciones que casi cobran vida pero al final las ahogamos y no las dejamos salir? Son como pequeños destellos en nuestras intenciones que justo antes de nacer desaparecen. Esos destellos tienen que ir a algún sitio.

Cuando ves a una persona a la que no conoces llorando sola y sabes que está triste, puede que porque haya tenido un mal día, y te gustaría abrazarla con cariño aún siendo una desconocida. Decirle que no se preocupe, que todo va a ir bien y hacerla sentir mejor con ese abrazo porque posiblemente lo necesite. Pero no le das ese abrazo. Porque te cortas, porque nos han enseñado a no demostrar amor a desconocidos. Y sigues tu camino pasando de largo. Pero el destello de ese abrazo existió durante un instante.
Cuando estás hablando con alguien y de repente te das cuenta de que te mueres de ganas de besarle. Sonríes como un tonto y te pregunta “¿por qué sonríes?” y tu le contestas que “por nada”. Pero en realidad sí sonríes por algo: sonríes porque existe el destello de un beso a punto de convertirse en fuegos artificiales. Pero tú te lo callas, no le das ese beso y el destello desaparece.

Cuando estás pensando en una persona a la que quieres pero está lejos y te acuerdas de esos momentos juntos tan bonitos, de lo feliz que te hace, de lo mucho que la echas de menos y de que seguramente también te está echando de menos a ti. Y te encantaría decirle en ese momento que la quieres. Pero no coges el móvil para mandarle un “te quiero” porque piensas que no hace falta, que a lo mejor es una tontería. Y dejas que ese instante pase, y el destello de ese “te quiero” se va con él.
Esos destellos tienen que ir a algún sitio.

Yo creo que hay un cementerio de destellos. Un lugar donde los abrazos, los besos y los “te quiero” no dados van cuando nosotros no los dejamos existir. Y allí se quedan, vagando sin poder salir. Un lugar en el universo lleno de destellos preciosos que nunca llegaron a ver la luz, y aunque consiguieran salir de allí su razón de existir ya se les ha olvidado. Ese abrazo ya no recuerda para quién era, ese beso ya no sabe si era de amor, ese “te quiero” ya no se acuerda de a quién iba dirigido. Y no saben dónde ir ni qué hacer. Se pierden.
Y aquí está la respuesta a la pregunta: lo que no se da, se pierde.

Se pierde para siempre y ya nunca será. Ese abrazo que no hiciste ya nunca podrá ser hecho. Ese beso que no diste ya nunca podrá ser dado. Ese “te quiero” que no dijiste ya nunca podrá ser dicho. Y cada vez que esto ocurre una persona en el mundo se queda sin un abrazo, sin un beso, sin un “te quiero”.

Te propongo una cosa: piensa en una persona a la que quieres. Puede ser tu madre, tu padre, un amigo, tu novio… Sí, esa en la que estás pensando ahora mismo. Busca su teléfono en el móvil y mándale un mensaje. Sencillo. Sólo dos palabras: TE QUIERO. Nada más. Sin más explicaciones. Hazlo. Ahora.

Acabas de evitar que un “te quiero” se pierda para siempre, y acabas de hacer sonreír a una persona.

Sonríe tú también, porque cada sonrisa que no se da, se pierde.

lunes, 3 de agosto de 2015

Casi nada

Un texto que llegó a mí de casualidad y que te invita a reflexionar, auténtico. Fue escrito por la periodista y escritora asturiana Ángeles Caso, ganadora del premio Planeta, en el suplemento dominical de varios periódicos. 
Espero que os haga bajaros en marcha de la rutina de La Tierra y pensar... 
" Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio... Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación -al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase.
Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.
Sólo quiero eso.
Casi nada.
O todo."



jueves, 28 de mayo de 2015

El tamaño de las personas

Una persona es enorme para uno, cuando habla de frente y vive de acuerdo a lo que habla, cuando trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe inocente.
Es pequeña cuando solo piensa en si misma, y le hace creer a los otros que piensa en ellos, cuando se comporta de una manera poco gentil, cuando no apoya, cuando abandona a alguien justamente en el momento en que tendría que demostrar lo que es mas importante entre dos personas: la amistad, el compañerismo, el cariño, el respeto, el celo y asimismo el amor.
Una persona es gigante cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo… cuando trata de entenderte aunque no piensen igual.


 Una persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en el lugar del otro, cuando obra no de acuerdo con lo que esperan de ella, pero de acuerdo con lo que espera de si misma.
Una persona es pequeña cuando se deja regir por comportamientos clichés. Cuando quiere quedar bien con todos, cuando maneja a la gente como un titiritero y lamentablemente siempre hay gente que no tiene convicciones y se deja manejar….



Una misma persona puede aparentar grandeza o pequeñez dentro de una relación, puede crecer o disminuir, en un corto espacio de tiempo.
Una decepción puede disminuir el tamaño de un amor que parecía ser grande.
Una ausencia puede aumentar el tamaño de un amor que parecía ser ínfimo.
Una decepción puede terminar con el respeto por alguien…de muchos… Una acción correcta puede enaltecer a otros.



Es difícil convivir con esta elasticidad:
Las personas se agigantan y se encogen a nuestros ojos. Ya que nosotros no juzgamos a través de centímetros y metros, sino de acciones y reacciones, de verdades o falsedades, de expectativas y frustraciones.
Una persona es única al extender la mano, y al recogerla inesperadamente, se torna otra.
El egoísmo unifica a los insignificantes, a los perdedores, a los falsamente llamados diplomáticos.
No es la altura, ni el peso, ni la belleza, ni un titulo o mucho dinero lo que convierte a una persona en grande… Es su honestidad, su decencia, su amabilidad y respeto por los sentimientos e intereses de los demás.
Por su sensibilidad sin tamaño…
WILLIAM SHAKESPEARE

viernes, 28 de noviembre de 2014

El príncipe feliz

En la entrada de hoy os traigo uno de los cuentos más conocidos de Oscar Wilde que a pesar de los años nunca deja de estar de actualidad, me parecen clásicos imprescindibles. Por último, si os apetece, os dejo la moraleja que resume el concepto del cuento.

En la parte más alta de la ciudad, sobre una columna, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de oro. Tenía, por ojos, dos zafiros y un gran rubí rojo en el puño de su espada.
Un día una golondrina se cobijó debajo de la estatua y le cayó encima una pesada gota de agua. Miró hacia arriba y vio los ojos del Príncipe Feliz arrasados de lágrimas. El Príncipe le contó que cuando estaba vivo no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación. Por eso le llamaban el Príncipe Feliz. Ahora veía las miserias de la ciudad y que por eso lloraba. Le dijo que podía ver a una pobre mujer que bordaba sobre un vestido. Su hijito estaba enfermo, tenía fiebre y su madre no podía darle más que agua. Le pidió le llevara el rubí del puño de su espada.
La Golondrina, aunque debía partir para Egipto, apenada por la mirada del Príncipe Feliz, se quedó y llevó el gran rubí a la mujer dejándolo en el dedal de la costurera.
Al día siguiente al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz para despedirse.
-Golondrina, allá abajo veo a un joven en una buhardilla. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío y hambre para escribir más. Llévale uno de mis ojos. Son unos zafiros extraordinarios. Lo venderá, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo, voló hacia la buhardilla del estudiante y lo dejó sobre la mesa.
Al día siguiente al salir la luna, volvió hacia el Príncipe para despedirse.
-¡Golondrina!, ¿no te quedarás conmigo una noche más? Allá abajo, en la plazoleta a una niña vendedora de cerillas se le han caído las cerillas al arroyo. Su padre le pegará. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
La Golondrina entregó el otro zafiro a la niña, voló de vuelta hacia el Príncipe y le dijo que se quedaría con él para siempre.
Durante esos días la Golondrina volaba por la ciudad y luego le contaba la miseria en la que vivían los niños y mendigos. Entonces el Príncipe le dijo:
-Estoy cubierto de oro fino despréndelo hoja por hoja y dáselo a los pobres.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino y hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo. La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! Permitid que os bese la mano.



-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto adonde voy a ir. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua. La coraza de plomo se había partido en dos.
A la mañana siguiente, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad. Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz! El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado. Y tiene a sus pies un pájaro muerto.
Entonces fue derribada la estatua y la fundieron. Pero el corazón de plomo no quiso fundirse en el horno y fue arrojado como desecho al montón de basura en el que yacía la golondrina muerta.
Cuentan que Dios le pidió a un ángel que trajera las dos cosas más preciosas de la ciudad. Y el ángel le llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

Las enseñanzas que pretende transmitir este cuento son, por lo que a mí me ha parecido:

1.- Que en la vida hay tristeza, sufrimiento, carencias de todo tipo, pero que hay personas que son inmunes al dolor ajeno y no tienen empatía ni solidaridad.
2.- Habla del amor al prójimo, de como alguien se sacrifica por dar lo mejor a los demás. 
3.- Es amor en estado puro, el Príncipe resulta tan conmovido con el sufrimiento de los demás, que se entrega totalmente y lo mismo la golondrina,  tal es su admiración por la generosidad del Príncipe.
4.-Justicia social.
5.-La importancia de la dignidad humana.
6.-Lo que parece ser el mensaje principal del cuento:la belleza de las personas está más allá de sus apariencias y aspecto. Todo en la estatua del príncipe refleja lujo y belleza, salvo su corazón que es de plomo. La golondrina, que se da cuenta, no se lo menciona al príncipe por no hacerle sentir mal. El corazón es de plomo y no de oro, como se esperaría a un objeto tan valioso, porque lo que se intenta reflejar es que la apariencia no es lo importante.

martes, 22 de julio de 2014

Recuperar la amabilidad

La semana pasada publicaba un cuento acerca de como el estar motivado y con ilusión en tu trabajo puede repercutir en tu vida, lo difícil que hoy en día es encontrar una vía que facilite esa ilusión para continuar. Me comentaba una persona al repecto de este tema, lo difícil que es, máxime en una sociedad que ha perdido el referente en cuestión de valores. En este punto final no puedo estar más de acuerdo, creo que estamos pasando por una de esas crisis como finales de la Edad Media y creo y espero que llegará el Renacimiento. Porque es una crisis de valores, de interés por aprender, por vivir, por el otro... 

Por eso, cuando a las pocas horas de leer este comentario me topé con este artículo, supe que tenía que transmitirlo, para ver si poquito a poco, se hace algo.Creo que este punto que indicaba el artículo, la amabilidad, es un buen comienzo. Yo que soy de pueblo muy pequeño, noté mucho la diferencia en la interrelación con otras personas al trasladarme a Madrid. No sé, a mi me educaron con el gracias, por favor, perdone... No van a ningún lado, pero me parece tan brusco entrar a un local comercial sin saludar, que un vecino en mi portal no me salude o que solicites cualquier artículo en una farmacia o un restaurante y no digas un por favor... Esto es lo mínimo... 
Os incluyo el artículo de Claudia Truzzoli acerca del tipo de relaciones personales que predomina hoy en día en nuestra sociedad del desarrollo. Espero que sirva para Recuperar la amabilidad.



RECUPERAR LA AMABILIDAD

" Todos nosotros - a pesar de que constatemos íntimamente lo vulnerables que podemos ser en determinadas ocasiones y la necesidad que sentimos de cariño, afecto, cordialidad, amor.... - parece que estemos obligados a transmitir lo contrario en nuestra vida pública. En ella hacemos gala con mayor frecuencia de unas maneras individualistas, negando lo que nos haría falta y siendo víctimas de la ilusión de ser autosuficiente. Ilusión, por otra parte, fomentada por los mensajes que recibimos, que se dirigen a despistarnos de nuestras verdaderas necesidades y deseos para llevarnos a consumir objetos con implícitas y engañosas promesas de felicidad. Se pretende desplazar nuestras necesidades del ser al tener.

Cualquiera que haya intentado comprarse algo con un estado de tristeza o en un momento de vacío, habrá comprado lo poco que duran esas promesas de satisfacción. No podemos cubrir nuestras carencias con objetos de todo tipo. Ninguno de estos artilugios nos puede proteger del dolor de las necesidades insatisfechas, tampoco será capaz de erradicar las más elementales necesidades de comunicación con nuestros semejantes.

Aunque no somos una tabla rasa donde la cultura escribe sus mandatos sin más, es cierto que las subjetividades cambian cuando los hechos sociales determinan situaciones que nos afectan en lo mas cotidiano, como está pasando ahora. La vida de muchas personas está siendo hoy precarizada - como resultado de la tiranía del mercado-, y al mismo tiempo se produce un fenómeno de insolidaridad, un aumento del egoísmo que, paradójicamente, no se dirige a las necesidades de supervivencia sino a un aumento del deseo de objetos que, simbólicamente, den sensación de poder, de estatus, como buscando en ellos una satisfacción que hace un cortocircuito con el verdadero lazo social.

La falta de calor con los demás, de las buenas maneras, de amabilidad, es notoria. Estamos viviendo unos tiempos donde parece reinar como costumbre una indiferencia generalizada, una anestesia social que invade todos nuestros contactos con los demás. Saludamos sin recibir respuesta en muchas ocasiones, nos atropellan y nos quedamos esperando una disculpa que no llega, tenemos una gentileza con alguien o le hacemos un favor y la palabra Gracias brilla por su ausencia.

Esas actitudes ásperas y egocéntricas contribuyen a acrecentar un espacio común hostil que entorpece las relaciones sociales y aumenta la soledad. Si faltan la amabilidad y la cortesía en el trato social, nos queda el refugio en la intimidad, pero desprovisto de alegría susceptible de buscar compensación en contactos instantáneos, ilusorios y múltiples, como los que permiten las redes en internet. Esas suplencias de los verdaderos lazos sociales actúan como los síntomas de una enfermedad: benefician en algo y, a la vez, privan de algo.

Pero es verdad que debilitan nuestros recursos para las relaciones reales, siempre exigen de nosotros un trabajo de adaptación, de pactar con diferencias, de renunciar a un ideal relacional elaborado en función de nuestros deseos con la esperanza de que otros encajen en él. Si pudiésemos lograrlo, seríamos más amables en el trato social.

Con demasiada frecuencia veo en las expresiones de las personas las arrugas que son testimonio de su amargura, en lugar de las marcas que deja en los rostros la risa. Miradas temerosas, solitarias.... También es frecuente ver a la gente joven ensimismada, con los auriculares que los aíslan del exterior... En cierta ocasión, una niña me increpó un día que yo misma iba con mis auriculares puestos mientras esperaba un autobús. Me dijo a voz en grito: "Así no me escuchas".

Esa niña pequeña fue la mejor crítica espontanea de nuestras costumbres. Me conmovió, pero también me avergonzó haberme olvidado de que pueden sentirse más indefensos que nadie en un mundo que, con estas actitudes de aislamiento, expresa de manera muy evidente su individualismo.  Le sonreí y le pedí disculpas, prometiéndole que únicamente los usaría cuando estuviera sola en casa, así podría ayudarla si me necesitaba. Ella me miró de una manera rara, tal vez porque no estaba acostumbrada a que alguien conocido le diera explicaciones amables.

Tenemos que recuperar un mundo más cálido. Sería una buena manera de combatir la indiferencia que se ha colado como valor predominante en las relaciones sociales, donde ser cool, mantener la compostura y el autocontrol, dan un toque elegante de distinción.

La suspensión de la actividad amable tiene como efecto una sensación de soledad aumentada y un repliege espontáneo de nuestro buen talante que se reserva a un circulo  cada vez más reducido de personas. Esto genera, a su vez, una exclusión creciente de aquellos que no forman parte de nuestros allegados, con el efecto desagradable y poco saludable de pérdida de la disponibilidad afectuosa, que es la base de la amabilidad nos genera una percepción de los demás como personas hostiles, lo que nos mueve a defendernos, bien con una evitación fría, bien mediante una actitud agresiva. De este modo, se potencian asimismo las actitudes fóbicas hacia los demás.

Aunque resulta más sencillo seguir la corriente del aislamiento, no es precisamente lo más saludable. La actitud más sana sería - en lugar de esperar que el mundo cambie- tratar de ser agentes activos para conseguir aquello que nos gustaría modificar; tratar a los demás como nos gustaría ser tratados y no al revés, esperar que el mundo se muestre amable para corresponderle con un buen trato. Cambiar nuestra manera de posicionarnos frente a los otros suele cambiar la respuesta que recibimos de ellos.Y aunque no sea así, la falta de amabilidad debería achacarse a dificultades propias de quien no puede serlo, en lugar de hacer acuse de recibo del rechazo, algo que podría afectar a la valoración que tenemos de nosotros mismos.

Cuando se trata de comunicarnos, surgen también las dificultades propias de la interpretación sus palabras o actos. Los hechos nunca son incontrovertibles sino susceptibles de ser interpretados, el germen de los malentendidos que generan displacer. El problema de la interpretación es que se mueve a un nivel puramente imaginario y depende de nuestras creencias y fantasías, no de lo dicho o hecho por los demás.

Son muchas las personas que convierten lo que suponen en certeza, no se plantean que las acciones pueden tener un sentido diferente al que le atribuyen. Y reaccionan movidas por esa certeza. Y van edificando muros de incomunicación que resultan nefastos para crear cercanía. Saber que está presente nuestro juicio en las palabras dichas por los otros es un buen remedio para escapar de esta atribución errónea de la realidad.

Una relación real con el otro nos pone a prueba, ejercita la paciencia y da trabajo. Y aunque eso nos enriquece porque potencia nuestros recursos adaptativos, muchos prefieren la soledad narcisista y fabrican un mundo a medida, habitable solo para personas a las que estos solitarios visten con los ropajes que la imaginación les dicta, en función de sus propios anhelos.

La era de internet permite la dispersión, la facilidad, el anonimato.... Esto también puede limitar, suplir los encuentros reales con los demás y debilitarnos para afrontar nuestra soledad.

Además, la promesa de un contacto ilusorio es el espejismo de una compañía que pocas veces lo es. El uso que hacen de las redes sociales quienes buscan cariño, sexo, cordialidad, amistad, sería menor si nuestro mundo social ofreciera mas dosis de amabilidad."  

CLAUDIA TRUZZOLI
Psicóloga y psicoanalista.










miércoles, 26 de marzo de 2014

Comparte tu maíz

Hoy os traigo otro de esos cuentos para reflexionar que se puede aplicar en múltiples situaciones de la vida. En resumen es comparte, ayuda, porque lo que das a los demás te será devuelto con creces. 
En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.
_"¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?" preguntó el reportero.
_"Verá usted, señor," dijo el agricultor.
_"El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga".
Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.
Como nos muestra esta historia, debemos difundir nuestro conocimiento compartiendo nuestro aprendizaje, nuestra comprensión, nuestras habilidades, pues es la manera en que además de ayudar a otros, podremos avanzar y aprender a su vez, además de disfrutar con la satisfacción al hacerlo. Habrá a quien le parezca falso o hipócrita, pero en mi caso, he sentido más de una vez un sentimiento de orgullo cuando he visto personas a las que he ayudado a formarse o a cambiar de algún modo de actitud ir creciendo y aprendiendo, ver que les has sido útil para crecer o para ser más felices. 

“Lo que das recibes”, “lo que enseñas aprendes”.


Proverbio chino
Ama como nunca has querido
no desprecies la amistad de tus amigos.
vive los días con fe, amor y paz,
trabaja como si no necesitaras el dinero.
y baila como si nadie te viera.

jueves, 22 de agosto de 2013

Al otro lado de la ventana

Hoy en día, en una sociedad cada vez más alienada en la que cada uno solo mira por su bien, sorprende encontrar a gente generosa que sin mirar a quien, reparte sin pensar a quien un momento de felicidad incluso con desconocidos. En esto estaba pensando cuando encontré esta bonita historia que espero que alguno disfrutéis.

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas.

Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas; las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos imaginaba; la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que; estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.

Se lleno de pesar y llamo a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.. Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambia encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para alzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

El hombre pregunta a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo:

“Quizás solo quería animarle a usted”.

MORALEJA

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de la pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble.

“Hoy es un regalo, por eso se llama el presente”






jueves, 31 de enero de 2013

Pequeños gestos

¡Hola de nuevo!
¿Verdad que muchas veces nos parece que la sociedad se está deshumanizando, que cada vez somos más como animales, a la defensiva, que respondemos con agresividad? Quizás todo ello viene derivado del mayor estrés que hay en la vida actual, que nos hace responder con ese instinto primitivo.
Os pongo la definición de estrés y distrés, pues hice un curso sobre este tema en particular (a conocerlo y manejarlo ) y es muy interesante, puesto que incluso tiene una parte positiva.






El estrés incluye ‘distrés’, con consecuencias negativas para el sujeto sometido a estrés, y ‘eustrés’, con consecuencias positivas para el sujeto estresado. Es decir, hablamos de eustrés cuando la respuesta del sujeto al estrés favorece la adaptación al factor estresante. Por el contrario, si la respuesta del sujeto al estrés no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante, hablamos de distrés.

Por poner un ejemplo: cuando un depredador nos acecha, si el resultado es que corremos estamos teniendo una respuesta de eustrés (con el resultado positivo de que logramos huir). Si por el contrario nos quedamos inmóviles, presas del terror, asustados, estamos teniendo una respuesta de distrés (con el resultado negativo de que somos devorados… y eso no es agradable). En ambos casos ha habido estrés. Se debe tener en cuenta, además, que cuando la respuesta estrés se prolonga demasiado tiempo y alcanza la fase de agotamiento, estaremos ante un caso de distrés.



Como consecuencia del estrés malo (prefiero pensar esto y no que somos malos por naturaleza) puedes encontrarte todos los días situaciones que incrementan estos niveles de agresividad que ves en la gente. (Que si uno te estrella la puerta de entrada a la estación en la cara, que si otro le "roba" el sitio a una anciano y ni se inmuta, que si una persona mayor no sabe sacar un billete de metro en las máquinas automáticas y nadie le ayuda... )




Os incluyo este video para ver si entre todos podemos inclinar un poco la balanza y poder vivir el día a día con una sonrisa, haciendo pequeñas cosas que nos harán un poquito más grandes como personas...




Te deja ganas de hacer el bien a los demás, cosa tan extraña en estos días...