Mientras soñaba Un espacio para compartir todo aquello que se me pase por la cabeza. Pensamientos, viajes, naturaleza, cocina, moda, música... ¡Anímate a soñar conmigo!
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viernes, 26 de enero de 2018

Nos hicieron creer… (John Lennon)

Hoy quiero compartir un texto escrito por John Lennon en el que reflexiona sobre los patrones de conducta, prejuicios y creencias que a través del tiempo se mueven en la sociedad.

Cuantas veces nos vemos arrastrados por lo que nos han hecho creer, pero en nuestra mano está elegir que es lo conveniente para nosotros, que es lo que tenemos que hacer, que es lo que realmente sentimos que debemos hacer, no porque culturalmente o tradicionalmente sea así, sino porque nosotros lo creamos así, creo que eso nos ayudará a ser más felices también. Aquí os dejo con el texto de Lennon:


Nos hicieron creer que el “Gran Amor” solo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. No saben nada del “Gran amor” los que hablan, yo creo que “Amor” es ver a esa mujer y querer que sea la madre de mis hijos. 

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Yo a la naranja la quiero al medio para exprimirla tomarla y luego tirarla.

Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía es más agradable. 

Nos hicieron creer en una formula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: ANULACIÓN 

Solo siendo individuos con personalidad propia , podremos tener una relación saludable. 

Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término deben ser reprimidos. 

Nos hicieron creer que los guapos/as y delgados/as son más amados/as y es mentira. 

Nos hicieron creer que solo hay una formula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. 

No nos contaron que estas formulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas. 

Ahhh…tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto.

Cada uno lo va a tener que averiguar solito, y ahí, cuando estés muy “enamorado de ti mismo, vas a poder ser feliz y te vas a poder enamorar de alguien”. 

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor….aunque la violencia se practica a plena luz del dÍa.





jueves, 9 de noviembre de 2017

Tu tienes una misión

En algún lugar, crecía un hermoso jardín con manzanos, naranjos perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema,
¡No sabía quién era!.

Lo que te falta es concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas, ¡ves que fácil es!.
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y ¡ves que bellas son!.
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no logra ser cómo los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabía de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
"No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución: No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas, o a parecerte a ellos. Sé tu mismo, conócete...y para lograrlo, escucha tu voz interior".
Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior?...¿Ser yo mismo?...¿Conocerme?... se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió.
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

"Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres una rosa. Eres un Roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje...Tienes una misión. ¡Cúmplela!

Entonces el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello par lo cual estaba destinado.
Así, de pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y solo entonces el jardín fue completamente feliz.

Porque en esta vida, todos tenemos una misión que cumplir y un espacio que llenar.Trata de conocerte a ti mismo y de sentirte orgulloso de lo que eres en vez tratar de ser lo que los demás quieren que seas.





sábado, 8 de abril de 2017

El amor es...Libertad

Os traigo hoy un cuento que tiene que ver con el amor y que creo que muchos podremos ver reflejado en nosotros o en alguien cercano a nosotros. Es un cuento relativo a la libertad individual que tenemos como persona y no someterla a la relación que tengas con tu pareja, anulándote como persona. Hay muchas ocasiones en que una parte se anula con tal de estar con una pareja. La moraleja del cuento de hoy nos recuerda que estar en pareja no implica dejar de ser uno mismo, sino aportar cada uno al otro, ser parte de dos.
"Si quieres algo, déjalo ir. Si vuelve a ti, es "tuyo", si no...nunca lo fue"

Una vez, el hijo de un reconocido guerrero indígena y la hija de la mujer que había sido la matrona de la tribu, se enamoraron profundamente y habían planeado casarse.
Antes de formalizar su casamiento, fueron a ver al gurú de la tribu. Un hombre muy respetado por su conocida sabiduría. Los jóvenes querían preguntarle cuál era la fórmula para ser felices siempre el uno junto al otro.El sabio les preguntó si estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para encontrar la respuesta a su pregunta."Estamos dispuestos"­, le dijeron.

Entonces el sabio le pidió al hijo del guerrero que escalara la montaña más alta, y buscara allí el halcón más vigoroso. El que volara más alto, el que tuviera el pico más afilado y pareciera el más
fuerte. Cuando lo hubiera encontrado, debía apresarlo y entregárselo vivo.Y a la mujer le dijo, que debía entrar en el monte y buscar el águila que le pareciera la mejor cazadora. La que volara más alto, la que fuera más fuerte, la de mejor mirada. Debía capturarla y entregársela viva.

Cada uno salió a cumplir su tarea, sin entender muy bien el encargo del gurú, pero ilusionados por conocer el secreto de la felicidad de su futuro matrimonio.
Al cabo de varios días regresaron a ver al sabio, cada uno con el ave que se les había encomendado.
"¿Ahora qué hacemos?, ¿las cocinamos?, ¿las comemos?, ¿qué debemos hacer con ellas?" ­
"No, nada de eso"­ dijo riendo el sabio y les preguntó: "­¿Ustedes realmente quieren ser felices siempre el uno al lado del otro?­."
"Sí, claro",­ contestaron los jóvenes casi al unísono.
­ Y el sabio mirándolos fijamente preguntó:­"¿Volaban alto?.¿Eran fuertes sus alas?, ¿eran aves sanas, independientes?".
"Sí"­ contestaron los jóvenes satisfechos.
"Muy bien"­, dijo el sabio. ­"Ahora deben atarlas entre sí por las patas y soltarlas para que vuelen".Así lo hicieron.Entonces el águila y el halcón comenzaron a tropezarse. Intentaron volar, pero lo único que lograban, era revolcarse en el suelo. Se hacían daño mutuamente, hasta que empezaron a picotearse entre sí. Entonces el sabio de la tribu les dijo: "Si ustedes quieren ser felices para siempre, VUELEN JUNTOS, PERO JAMÁS SE ATEN EL UNO AL OTRO".


jueves, 19 de enero de 2017

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: ''¡Crece, maldita seas!''.

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece... ¡más de 30 metros!

¿Tarda sólo seis semanas en crecer?
¡No! La verdad es que se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.

En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizá por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés. Y no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado esperado, ya que sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

No nos demos por vencidos, vayamos gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que nos permitirán sostener el éxito cuando éste, al fin, se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

El tiempo es oro y eso hace que las esperas se conviertan en pesadillas, poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos. Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, desarrollamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. Así que si no consigues lo que anhelas ahora mismo, no desesperes…

Quizá sólo estés echando raíces.

Fuente: 'las perlas de sabiduría' en www.alexrovira.com

jueves, 10 de noviembre de 2016

La Joven Violinista

La entrada de hoy es una historia muy emotiva, de superación que en realidad es un anuncio de champú Pantene Pro V. En Tailandia acostumbran a hacer este tipo de anuncios, ojalá se animasen de este modo en España. No os perdáis la imagen, la historia y la música clásica. Os dejo que lo veais y luego comento el video para no romperos el contenido del mismo.
Se trata de una historia de amistad, de amor por la música pero sobre todo, de superación personal.

En los primeros momentos vemos una niña que contempla admirada un violinista vagabundo tocando mientras rememora los gritos despectivos de su hermana acerca de una redacción que ha preparado. Descubrimos que la chica es sordomuda y que por esas críticas ha dejado de aprender a tocar el violín.

Sin embargo, violinista vagabundo, le pregunta si ya no toca el violín por gestos y ella asiente con vergüenza y confiesa con él sus penas: "¿Por qué soy diferente a los demás?". El vagabundo le responde "¿Por qué tienes que ser como los demás?" Y a continuación, anima a la chica a confiar en si misma " La música es algo visible. Cierra tus ojos y lo verás". Es entonces cuando el Canon de Pachelbel empieza a sonar con mayor intensidad, viendo como crece el espíritu, la música y el afán de aprender de la chica. Podemos percibir su esfuerzo por mejorar. 

Esta historia en la que una joven sordomuda aprende a tocar el violín nos anima a perseguir nuestros sueños, por imposibles que nos parezcan, de luchar con todas nuestras fuerzas por conseguirlos. 


jueves, 9 de junio de 2016

El paquete de galletas

Había una vez una señora que debía viajar en tren.Cuando la señora llegó a la estación, le informaron de que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.

Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos y sonriendo, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que sólo quedaba una galleta, y pensó: "No podrá ser tan caradura" mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco.

-¡Gracias! -dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.

-De nada -contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: "¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!" De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.


Reflexión:
Cuántas veces nuestros prejuicios y decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a los demás y cometer graves equivocaciones. Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos arbitrariamente a las personas y las situaciones, encasillándolas en ideas preconcebidas alejadas de la realidad.
Por lo general nos inquietamos por eventos que no son reales y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca van a ocurrir.

Dice un viejo proverbio: "Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera".