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jueves, 19 de enero de 2017

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: ''¡Crece, maldita seas!''.

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece... ¡más de 30 metros!

¿Tarda sólo seis semanas en crecer?
¡No! La verdad es que se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.

En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizá por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés. Y no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado esperado, ya que sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

No nos demos por vencidos, vayamos gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que nos permitirán sostener el éxito cuando éste, al fin, se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

El tiempo es oro y eso hace que las esperas se conviertan en pesadillas, poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos. Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, desarrollamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. Así que si no consigues lo que anhelas ahora mismo, no desesperes…

Quizá sólo estés echando raíces.

Fuente: 'las perlas de sabiduría' en www.alexrovira.com

viernes, 26 de agosto de 2016

El País de las Cucharas Largas

Hoy quiero compartir con vosotros una parte de un cuento de Jorge Bucay, titulado “El País de las Cucharas Largas”, espero os sirva de inspiración y reflexión.

Un viajero llegó a una casa cuyo cartel en la puerta anunciaba:
Este pequeño país consta de dos habitaciones llamadas negra y blanca. Para recorrerlo debe avanzar por el pasillo hasta donde se divide y girar a la derecha si quiere visitar la habitación negra o a la izquierda si lo que quiere es conocer la habitación blanca.

El hombre avanzó por el pasillo y giró a la derecha. Nada más dar los primeros pasos, empezó a escuchar los primeros quejidos que provenían de la habitación negra. Llego a la puerta, la abrió y entró. Sentados en torno a una gran mesa había cientos de personas. En el centro de la mesa se veían los manjares más exquisitos que cualquiera pudiera imaginar y aunque todos tenían una cuchara con la que alcanzaban el plato central, ¡¡se estaban muriendo de hambre!! El motivo era que las cucharas eran el doble de largas que sus brazos y estaban fijadas a sus manos. De este modo, todos podían servirse, pero nadie podía llevarse el alimento a su boca. La situación era tan desesperada y los gritos tan desgarradores, que el hombre dio media vuelta y se marchó de allí precipitadamente.

Volvió a la sala central y tomo el pasillo a la izquierda que conducía a la habitación blanca. La única diferencia era que no se oían gemidos ni quejidos por el camino. Abrió la puerta y entró. Cientos de personas se encontraban también sentadas en torno a una gran mesa. 

También en el centro se veían manjares exquisitos y todas las personas tenían fijadas a sus manos cucharas el doble de largas que sus brazos. Pero allí nadie se quejaba ni lamentaba. Nadie se moría de hambre porque, ¡todos se daban de comer los unos a los otros!El hombre sonrió, se dio la vuelta y salió de la habitación blanca.