Mientras soñaba Un espacio para compartir todo aquello que se me pase por la cabeza. Pensamientos, viajes, naturaleza, cocina, moda, música... ¡Anímate a soñar conmigo!
Mostrando entradas con la etiqueta padres primerizos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta padres primerizos. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de marzo de 2016

Diario de un padre

Cuando una persona y en especial los padres perdemos la paciencia podemos cometer muchos errores como maltratar a los pequeños físicamente o gritarles. La ira o enfado no son buenos consejeros por lo cual es importante actuar o corregir a los niños cuando se esté tranquilo. Saber qué hacer cuando se pierde la paciencia con los hijos no es sencillo (uff). (Leer libros sobre el tema, contar hasta diez, establecer unas normas claras ... )

Perder la paciencia con los hijos no es un problema tan grave, el problema en realidad surge cuando los padres nos dejamos llevar por el enojo y maltratamos a los pequeños muchas veces sin escuchar las razones de porque actuaron de una forma inapropiada. Los niños suelen ser un poco inquietos pero estos es natural y es apropiado tener un poco de paciencia con ellos

Sobre estos casos va la entrada de hoy, para que pensemos dos veces antes de perder los papeles con nuestros niños. No se a vosotros, a mi me dejó bloqueada... cuanta razón.

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me encontraba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Los retos de una nueva madre

Este texto, recogido de la web de Vivian Watson http://naceunamama.com/, recoge ampliamente los sentimientos encontrados una vez te conviertes en mamá. Es además un buen punto de referencia para nuevas mamás.  
¿Qué puedo decir ahora? Blanca nos cambió la vida. No recuerdo cómo vivíamos sin ella. Por eso, para explicarlo mejor, incluyo el texto al que hago referencia, muy bonito, por cierto. 

A veces es muy duro convertirse en madre.
Sí: vale la pena.
Sí: es la experiencia más poderosa que puede llegar a vivir una mujer.
Sí: nada te marca tanto como el momento en que sostienes por fin en brazos al hijo que acaba de salir de ti, deliciosamente sucio, húmedo, caliente, y te mira a los ojos como diciendo: te conozco.
Pero es duro. Y no sólo se trata de la falta de sueño, de las secuelas del parto, de los cuidados que demanda un recién nacido (¡tan pequeñito y tan exigente!), ni siquiera del cóctel de hormonas que te deja turuleta hasta varias semanas después. Tampoco la falta de experiencia y la incertidumbre acerca de si lo estás haciendo bien o no, ni las propias dudas y comentarios de familiares bienintencionados pero que no hacen sino disparar tu propia inseguridad, tu miedo. Es bastante más que eso. Es la ruptura total y repentina con tu propia identidad, con aquello que hasta el momento de parir te había definido: tus proyectos, tus ambiciones, tu trabajo, tus amigos, tu cuerpo, y todo aquello que llamabas tuyo. Tu tiempo. Tu vida. Es mirarte al espejo mientras tu criaturita está prendada a tu pecho, y no reconocerte.
¿En qué momento te convertiste en esta mujer ojerosa que no tiene un minuto ni para darse una ducha? ¿Quién es ella? ¿Quién eres ahora?
Sigues siendo tú, sólo que una versión más grande de ti misma. Pero al principio no lo sabes. Al principio no te encuentras. No hay nada que logre vincular esta nueva vida tuya de cambios de pañal, tetadas a deshoras y canciones de cuna, con aquella otra vida que parece tan remota, aquella en la que ibas y venías a tu antojo, disponías de tu tiempo y te pertenecías. Porque, claro, todo tu ser es ahora para otro. Y ese otro se está alimentando de ti, no sólo de tu leche, sino también de tus caricias, de tus canciones, de tus palabras, de tu calor.
Y el tiempo pasa, desde luego que pasa. Llegará el momento en el que, sin darte cuenta casi, las tomas se acorten y las horas de sueño nocturno se alarguen. Tu bebé aprenderá a sostener la cabeza, luego a darse la vuelta, luego a gatear. El día menos pensado te regalará una sonrisa y pensarás que todo el esfuerzo ha sido poco. Un día te dirá mamá. Lo verás correr en el parque, subirse solo al tobogán, jugar con otros niños, garabatear las primeras letras que te mostrará orgulloso. Y por nada del mundo querrás cambiarte por esa otra que eras, y que tan poco sabía acerca del amor..