Mientras soñaba Un espacio para compartir todo aquello que se me pase por la cabeza. Pensamientos, viajes, naturaleza, cocina, moda, música... ¡Anímate a soñar conmigo!
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miércoles, 16 de marzo de 2016

El espejo de la vida

Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito:
“Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de Usted en esta empresa. Está invitado al velatorio, en el área de deportes”.
Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros y la empresa.
La agitación en el área deportiva era tan grande que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velatorio. Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba:
¿Quién será que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que el infeliz murió!
Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.
Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo, …cada uno se veía a sí mismo…. con el siguiente letrero:
“Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TÚ MISMO”!
Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida.
Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tú eres la única persona que se puede ayudar a sí mismo.



sábado, 24 de mayo de 2014

La paradoja de nuestro tiempo

Hoy os traigo un texto del cual desconozco el autor pero que está plenamente de actualidad. Porque es cierto que hoy día disponemos de muchas comodidades que no poseían nuestros antepasados, pero cada día vivimos menos, disfrutamos menos de nuestro tiempo. Estamos atados a trabajos, consumismo, etc y se nos olvida disfrutar con pequeñas cosas de la vida, que son las más grandes. 

A menudo nos ofuscamos con las cosas complicadas, ya sea persiguiendo metas nobles o obsesionándonos por conseguir algo que pensamos que nos hará felices. Pero la felicidad está mucho más cerca de lo que pensamos. Incluso cuando muchas cosas de nuestra vida andan mal, podemos encontrar felicidad si en vez de contemplar lo malo contemplamos lo bueno, por más simple que pueda llegar a ser.

Hay miles de cosas hermosas y buenas frente a nosotros todos los días, pero estamos tan concentrados y preocupados por las cosas malas que todo lo demás se vuelve invisible; solo percibimos lo negativo y esa sombra se vuelve nuestro mundo.

Basta con hacer foco al presente para descubrir toda esa riqueza de la cual nos olvidamos. Estas son algunas de las cuales me hacen feliz:

Trabajar con mis plantas
Pasear por un jardín
Una ruta en la montaña
Pasear al lado del mar
Disfrutar una comida
Reirme con amigos
Reirme solo
Contemplar un atardecer
Sentir las gotas de la lluvia en mi cara
Pisar hojas secas
El olor a tierra mojada cuando llueve
Estar bien abrigada cuando hace frío
La comodidad de la cama después de un día agotador
Escuchar el canto de los pájaros
Escuchar música 
El murmullo de los árboles con el viento
Los aromas
Pasear bajo el sol del invierno
Pisar la hierba descalza
El olor del aire de la noche
El aroma de las tostadas
El aire de la mañana
El abrazo de mi marido para dormir
La sonrisa de mi hija cuando la recojo de la guardería


Os propongo dejar de obsesionaros por las cosas del futuro, ocúpate pero no te preocupes, no dejes que se convierta en tu mundo. No tiene sentido deprimirse. Os propongo mirar todas las riquezas que os rodean ahora mismo, saborearlas y disfrutar de la paz de espíritu que os pueden proporcionar.

El texto del que os hablaba, es el siguiente. Espero os guste.


La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos.

Gastamos más pero tenemos menos; compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo.

Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menos capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menos bienestar general.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir.

Como dice alguna canción, hemos añadido años a nuestras vidas, no vida a nuestros años.

Hemos logrado ir y volver de la Luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino.

Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior.

Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios.

Escribimos más pero aprendemos menos.

Planeamos más pero logramos menos.

Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar.

Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales.

Hoy en día hay dos ingresos en las familias que aún tienen trabajo, pero más divorcios; casas más lujosas para quienes pueden solventarlas, pero hogares rotos.

Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, "encuentros de amor" de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar...

Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la trastienda.

Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tú puedas elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.

Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos, porque ellos no estarán aquí siempre.

Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.

Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca, porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir "te amo" a tu pareja y a tus seres queridos,. pero sobre todo, dilo sinceramente.

Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.

Y siempre recuerda:

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento,
sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.


El artículo anterior está claramente inspirado en el poema de El Dalai Lama que también encontré por ahí ...

La paradoja de nuestro tiempo
Tenemos casas más grandes pero familias más pequeñas;
Más comodidades, pero menos tiempo;
Tenemos más títulos, pero menos sentido;
Más conocimiento, pero menos juicio;
Más expertos, pero más problemas;
Más medicinas, pero menos de salubridad;
Hemos estado todo el camino a la luna y de regreso,
pero tenemos problemas para cruzar la calle para conocer al nuevo vecino.
Construimos más computadoras para tener más información para
producir más copias que nunca, pero tenemos menos comunicación.
Nos hemos convertido en mucho la cantidad,
pero poca calidad.
Estos son tiempos de comidas rápidas, pero la digestión lenta;
Hombre alto pero el carácter de corto;
Beneficios elevados pero relaciones superficiales.
Es un momento en que hay mucho en la ventana,
pero no hay nada en la habitación.



viernes, 24 de enero de 2014

Asamblea en la carpintería

Más de una vez en nuestros trabajos nos hemos encontrado con situaciones como la que describe este cuento. Si de vez en cuando pensásemos en esta historia quizás rendiríamos más y estaríamos todos más a gusto. Sobre todo cuando hay una situación problemática y pasa eso de... "El éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano"... encontramos situaciones de encontronazos entre componentes de equipo en lugar de oportunidades para sacar lo mejor de nosotros mismos y apoyarnos entre todos para superar la "crisis". Me apunto para no olvidarme yo también y orientar los esfuerzos a lo positivo. Un cuento de cabecera para allá donde el trabajo en equipo sea importante.

Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias.
El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar.
¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.



La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si el fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble. Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación.
Dijo el serrucho:
_“Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto.Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.

Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es fácil encontrar defectos —cualquier necio puede hacerlo—, pero encontrar cualidades es una labor para los espíritus superiores que son capaces de inspirar el éxito de los demás.
  



jueves, 4 de julio de 2013

Agua para elefantes

“Cuando yo era chico me llamaba la atención el elefante de los circos. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo, un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
¿Qué lo mantiene prisionero entonces? ¿Por qué no huye? Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al elefante, toda su vida sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en algún momento de su vida el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era demasiado fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Nosotros las personas, al igual que el elefante, vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad... condicionados por el “No puedo” o el “No debo”.
Tu única manera de saber tu fuerza, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón”
JORGE BUCAY, «Recuentos para Demián»