Mientras soñaba Un espacio para compartir todo aquello que se me pase por la cabeza. Pensamientos, viajes, naturaleza, cocina, moda, música... ¡Anímate a soñar conmigo!
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martes, 1 de enero de 2019

La parábola del colibrí

En un bosque muy grande y antiguo convivían muchos animales. Esta selva era un lugar plácido, tupido de árboles centenarios y abundante alimentos por doquier.
Era un gran sitio para vivir. Debido a la ubicación geográfica del bosque existían dos estaciones climáticas: verano e invierno. Y en este bosque los animales empezaban a sentir la incomodidad por el calor sofocante que hacia debido al intenso verano que hacía en aquel momento,…
Para este tiempo escaseaba mucho el agua; la falta de agua estaba creando un ambiente desesperado para la selva y sus habitantes… Sin embargo aún faltaba un suceso más en la vida de aquel bosque…
Aquel día hubo un gran incendio en la selva, el fuego se extendía a grandes chispazos a través de los árboles, mientras tanto, todos los animales huían despavoridos…
En mitad de la confusión, un pequeño colibrí empezó a volar en dirección contraria a todos los demás.
Los leones, jirafas, elefantes, ciervos, venados,… todos muy asombrados miraban al pequeño y débil colibrí, pensando en qué hacía yendo directo hacia el fuego. Finalmente uno de los animales, que no podía creer que el colibrí hiciera toda aquella locura le preguntó: "¿a dónde vas? ¿Estás loco? ¿Qué pasa contigo? Tenemos que huir del fuego inmediatamente". El colibrí, un poco palpitante por el calor del fuego, le contestó: "¿recuerdan que en medio de la selva hay un lago?, pues voy volando a toda prisa, recojo un poco de agua en mi pico y vuelvo para ayudar a apagar el incendio" asombrado, el León, quien entró a la conversación, sólo logró decir: "Estás loco, no servirá en absoluto, tú solo no podrás apagarlo”, el colibrí, en un tono tan seguro como resuelto, respondió:
"Es posible, ¡es posible!, solo estoy cumpliendo con mi parte"
 Y continuo, de nuevo, su vuelo hacia el lago…
Autor: Betinho 


Y como dice este cuento, hay día día mucha gente que está haciendo su parte. Aunque sea pequeña, muy pequeña, se impone el hacer bien su trabajo, sea cual sea el mismo. Gente que ahorra mes a mes para aumentar su depósito o que paga regularmente sus impuestos, gente que hace un hueco en su bolsillo para colaborar con alguna ONG.

Pero, hoy en día esa gente se haya inmersa en una especie de brusco despertar en el que no entienden lo que sucede. Esa gente que ha hecho su parte sin pensar en más atajos, porque es lo que tiene que hacer, se encuentra ahora con el descaro de una minoría que día a día lucha por sobreproteger sus cada día más indecentes privilegios.

La gente que ha hecho su parte comienza a ver que no todo el mundo ha aplicado esa lógica del trabajo bien hecho y sin atajos y empiezan a salir a la calle. Protestando por la reforma de la privatización de la sanidad en Madrid, en contra de la ley de educación Wert, protestando en toda España en contra de los desahucios mientras salvamos las "saneadas" cajas y las (privadas?) autopistas.

Y poco a poco, la gente que ha hecho su parte, comparte con otros colibríes el fuego y están comenzando a llenar su pico de agua.Y muchos colibríes, quizás puedan hacer algo por apagar el incendio.

viernes, 15 de abril de 2016

Una historia de determinación: Glen Cunningham

El cuento de hoy es un canto al afán de superación contra todo, el esfuerzo sobre todo lo demás y además, es real, esta persona existió.Me dejó muy buen sabor de boca ver que con esfuerzo, tesón y fe las cosas se pueden conseguir. Intentemos interiorizarlo, ¿no? ¿Soñáis conmigo?
En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.
Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.
En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría que era lo mejor que podía pasar, en realidad, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo. Pero el valiente niño no quería morir.
De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.
Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas. Una vez más el valiente niño tomó una decisión.
Caminaría. Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida. Finalmente, le dieron de alta.
Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada.
No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.
Cuando no estaba en la cama, estaba confinado una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco.
Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.
Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar. Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.
Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr. Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.
Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de sobrevivir, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz el mundo!

PD.:Debido a los problemas de circulación causados por el accidente de su infancia, Cunningham necesitaba casi una hora para prepararse para una carrera. En primer lugar necesitaba masajes en sus piernas y un largo período de calentamiento.
Obtuvo un título de maestría de la Universidad de Iowa y un doctorado de la Universidad de Nueva York, se retiró de la competencia en 1940 y durante cuatro años fue director de educación física en la Universidad de Cornell en Iowa.
Luego Cunningham y su esposa abrieron para la Juventud el Glenn Cunningham Ranch en Kansas, donde ayudó alrededor de 10.000 niños desfavorecidos y se convirtió en un predicador laico. Murió en Arkansas el 10 de marzo de 1988.
Puedes leer un artículo completo de su historia aquí:
http://www.minutouno.com.ar/minutouno/nota/73040-El-desaf%C3%83%C2%ADo-de-vivir/