domingo, 29 de mayo de 2016

Ruta de los pueblos rojos y negros de Segovia

Muy cerca de Madrid, en los alrededores de la bonita localidad de Riaza se encuentra una comarca rural caracterizada por los colores de su arquitectura, que les da un color característico, es lo que se conoce como la ruta de los pueblos rojos y negros. Esta ruta se extiende también por la cercana provincia de Guadalajara si bien nosotros en su día hicimos una pequeña incursión en la zona, disfrutando también de la hermosa villa de Riaza. 

Para llegar hasta allí saldremos de Madrid por la A-1, hasta el kilómetro 105, donde tomaremos la N-110, sentido Soria, llegando rápidamente a nuestra primera parada de la ruta, Riaza. Este pueblo no pertenece a la ruta de los rojos o negros, pero es muy bonito, tiene una Plaza Mayor muy bonita, rodeada de edificios con soportales, de forma circular y llenos estos soportales de restaurantes que ofrecen cochinillo, lechazo, lo tradicional en la zona. 

Riaza se merece un paseo por su zona vieja y una visita al parque que hay a la entrada de Riaza si tenéis niños, porque es una chulada. Enorme y lleno de columpios y toboganes de todos los tamaños y formas.


A continuación nos dirigimos hacia la ermita de Hontanares, que está a unos escasos 10 minutos de Riaza. Ascenderemos por una pequeña carretera por un desvío hasta el claro en el bosque donde se halla la misma. Merece una visita tranquila por lo bonito del lugar y porque tienes restaurante, merenderos, fuentes, pinares, hayedos con una buena extensión de campo donde corretear los niños. También está señalizado el mirador cercano de Piedras Llanas y una ruta de senderismo.
Nosotros nos dirigimos al mirador de Piedras Llanas,  desde el que se puede divisar unas bellas vistas del Sistema Central e Ibérico, y donde podemos descubrir, mejor con unos prismáticos, los pueblos rojos y negros de la Sierra de Ayllón.

Volvemos a la carretera principal y seguimos nuestro camino con dirección, ya por fin a los pueblos rojos y negros. La verdad que era un plan del que no habíamos visto mucho, nos resultaba muy curiosa la arquitectura pero lo mejor estaba por llegar. ¿A que se debe este peculiar color de sus edificaciones? Pues ni más ni menos que a utilizar los materiales más cercanos a su entorno. La zona de la Sierra de Ayllón tiene tres grandes conjuntos de rocas: pizarras y cuarcitas, brechas ferruginosas y conglomerados cuarcíticos. Con cada uno de estos grupos y su localización da lugar a los distintos colores que se ubican en los pueblos e inmediaciones.

El primer grupo, correspondiente a las pizarras, se empleó como material de construcción en muros de mampostería, por su alta impermeabilidad para cubiertas y tejados y así veremos que están en pueblos como El Muyo, Becerril y Serracín. (Nosotros sólo visitamos El Muyo). En épocas remotas se usó el grafito de El Muyo y Becerril para la fabricación de lapiceros.

En cuanto a las brechas ferruginosas consisten en un conglomerado de cantos angulosos de pizarra y cuarcita, cementado por óxidos e hidróxidos de hierro (hematites, goethita, limonita…). A pesar de ser rocas cementadas y densas, son fáciles de trabajar en sillares, lo que ha permitido que se empleen para los muros y dinteles de los edificios de Madriguera (incluida la iglesia), El Negredo y Villacorta.
Panorámica de Villacorta
El alto contenido en hierro de las brechas ha hecho que se hayan utilizado desde tiempos remotos como fuente de este metal en las ferrerías y forjas locales tal como lo prueban los numerosos restos de escorias y topónimos relacionados. Además condujo a lo largo de finales del siglo XIX (décadas de 1870 y 1880) y primeras décadas del siglo XX a numerosos intentos de explotación intensiva, estableciéndose minas en los antiguos términos municipales de Madriguera, Becerril, El Muyo, Serracín y El Negredo. 

Por último, los conglomerados de cantos de cuarcita subredondeados, empastados en matriz de arena y arcilla,  de color rojizo, confieren característicos tonos pardo-rojizos al paisaje. De la raña se han aprovechado tradicionalmente los cantos rodados de cuarcita, que se combinaban con las pizarras en los muros (Alquité y Martín Muñoz de Ayllón); y la matriz areno-arcillosa (denominada localmente ‘almazarrón’ o ‘almagrera’), para la fabricación de los revocos y esgrafiados de las fachadas, obteniéndose acabados en tonos rojo-anaranjados (Madriguera); incluso llegó a emplearse para la fabricación de pinturas.

En definitiva, la ubicación y fisonomía de los pueblos segovianos de la Sierra de Ayllón no es casual. 

Os damos muestra por fin de  parte de los pueblos rojos y negros de Segovia. Llegamos a Villacorta, primer pueblo auténticamente rojo. Sorprende ver el buen estado de conservación del pueblo y es que la mayoría de viviendas estan restauradas o en proceso de restauración y lo más importante, manteniendo el tradicional estilo de la zona. Recorrer sus calles es disfrutar de la tranquilidad y el silencio y admirar su arquitectura y los reflejos de la misma con la luz.





Una vez continuamos la carretera, seguiremos hasta llegar en pocos minutos a Madriguera, nos sale al paso a nuestra izquierda y veremos el desvío hacia el Muyo por la derecha.Madriguera es otro pueblo rojo, donde disfrutaremos de otro precioso paseo por sus calles. A diferencia de Villacorta, sus casas son más señoriales y reformadas de una manera menos humilde.No hay casa que no tenga su contraventana de madera, con su visillo blanco, su letrero que le da nombre... Atención al letrero con curiosa inscripción que hay encima de la puerta del cementerio, que está adosado a la iglesia.

A continuación nos dirigimos en apenas 4km hasta El Muyo, muestra de la arquitectura negra. Muyo significa mutilado, por lo que existe la teoría de que su fundador lo fuese.El Muyo es la localidad más característica de los Pueblos Negros , llamados así por su característico color fruto del uso de la pizarra como material principal en sus construcciones.El Muyo es uno de esos pueblos casi abandonados (veremos parte de las casas renovadas recientemente y otras que se han derrumbado, dejando al aire sus vigas y un buen reguero de piedras) que empiezan a resurgir gracias a la restauración de sus casas por un público que busca tranquilidad, naturaleza y lugares alejados de grandes núcleos de población. Es uno de esos pueblos en los que no todas sus calles conocen el asfalto y pasear por él es como dar un salto al pasado. A diferencia de los pueblos anteriores, se compone en su mayoría por casas y corrales de baja altura, con puertas muy rústicas. 
Pues por mucho que explique lo mejor son las imágenes y mucho mejor verlo en persona, es una maravilla para la vista y un gusto para los sentidos relajarse en pueblos de apenas veinte habitantes con ese colorido, esa tradición, esa tranquilidad, esos detalles de siempre... os lo recomiendo, ¡no os lo perdáis!
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