miércoles, 16 de octubre de 2013

Para la libertad

En días como hoy en los que se llama a la movilización por defender nuestros derechos y en los que vemos una respuesta apática y desinterés en la mayoría de los casos hacia las manifestaciones y protestas, es cuando me hace pensar en las personas que protestaron y protestan en situaciones más peligrosas y que fueron los que defendieron derechos básicos que tenemos hoy, aún a costa de su bienestar y el de su familia. Por eso ver que hoy, que lo tenemos mucho más "fácil" para reivindicar nuestro estado del bienestar, me parece un poco falta de respeto no hacerlo...Por defender nuestra libertad murieron muchas personas por muy poco: escritores, soldados, campesinos... Uno de ellos fue Miguel Hernández, un poeta que siempre me ha gustado por su sencillez en el verso que no por ello es menos bello. Un poema suyo fue convertido en canción por Joan Manuel Serrat y es parte de la banda sonora que atribuimos a la transición en España. 

Joan Manuel Serrat escribía lo siguiente en la versión mexicana de su disco de poemas de Miguel Hernández, que resume mejor que yo lo que quiero expresar:
Conocí a Miguel Hernández en uno de aquellos bancos del umbrío jardín de la Universidad, la vieja y entrañable Universidad Central a cuyo balcón principal un glorioso día se asomó la libertad para arrojar sobre la acera el busto altivo del dictador. Gran día aquél. Luego llegaron sus lacayos y nos comieron a palos, pero no importa.En aquellos bancos hablábamos de amor, conspirábamos contra el régimen, leíamos poesía y tomábamos el sol al mismo tiempo. En aquellos claustros, en aquellos jardines, en aquellas aulas, entre octavillas clandestinas y apuntes de Genética Aplicada, también iban de mano en mano los maravillosos libros que desde Argentina nos hacía llegar la Editorial Austral –bendita sea– y que nos devolvían a aquellos que fueron condenados al ostracismo, con toda su voz y todo su acento. Aquellos libros eran ventanas abiertas por las que entraba un aire nuevo que ventilaba el tenebroso tiempo de la dictadura.Quisiera que los que escuchen estas canciones recuerden que su autor fue un poeta perseguido, condenado y encarcelado. Un hombre que murió en prisión por el delito de pensar y escribir cosas como las que aquí pueden oír.Fue un pastor de cabras, fue una persona comprometida con su gente y con su tiempo. Un hombre sencillo y sensible que amaba la libertad y decía: "... soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vida" ... y se la quitaron.Que el destino mantenga fresca la memoria y nos libre de aquellos que asesinan a los poetas y a la poesía.
Incluyo el vídeo con la canción versionada en los setenta:

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